Sevilla

Sevilla es pura magia. Quien visita esta ciudad se enamora de ella porque cada metro cuadrado es puro arte. Pasear por sus calles es respirar historia y tradición española. El flamenco es su seña de identidad y la Feria de Abril es su evento por excelencia. La ciudad se transforma en una fiesta colorida de vestidos de gitana, sevillanas, casetas y ‘rebujito’, bebida típica basada en vino fino, gaseosa y hierbabuena.

La capital hispalense cuenta con un gran número de monumentos que visitar muchos de ellos Patrimonio de la Humanidad. Desde la estación de tren de Sevilla-Santa Justa es posible desplazarse a pie al barrio más emblemático, Santa Cruz, la antigua judería. Sus calles medievales y estrechas son un verdadero atractivo turístico. Desde allí, se puede llegar andando a la catedral de Sevilla y a la hermosa Giralda, icono la ciudad.

El Real Alcázar se sitúa a pocos metros de la catedral. Se trata de un conjunto de palacios amurallados con una mezcla de estilos gótico, mudéjar, renacentista y barroco con jardines de ensueño. Al margen izquierdo del río Guadalquivir, se erige la Torre del Oro, del siglo XI perteneciente a la época musulmana.

La Plaza de España y el parque de María Luisa, famoso por su belleza natural, son los destinos a conocer antes de cruzar el puente de San Telmo y dirigirse al barrio de Triana. Este mítico barrio sevillano es conocido por sus coloridas calles. La de San Jacinto es una de sus más comerciales y concurridas. El puente de Triana o puente de Isabel II al otro lado del barrio, goza de una bonita vista al río y a la ciudad. Disfrutar en una terraza de un rico gazpacho o de pescaíto frito sea quizás la mejor manera de acabar la visita turística.

Y si viajas con niños, no te olvides de pasar un día en Isla Mágica, el parque de atracciones dividido en diferentes zonas temáticas que hará las delicias de toda la familia.